viernes, 29 de noviembre de 2013

Fueguito

Todavía no puedo escribirte.Te regalo ese impulso de gritarle a un buzón de voz por un mes. Y despues irte al norte.


Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Que de noche qué


Es en verdad un hecho de primordial importancia, y que define todo el desarrollo futuro de un hombre,  frente a qué realidad, se forma y se organiza. Cada  hombre es lo que hace con lo que hicieron con él.
 El mundo se inmovilizo y quedo como estaba. Yo me hallo en un perfecto estado conmoción. Mi cuerpo esta como paralizado, mis lágrimas caen en oleadas interminables. Me quedaría aquí sin moverme hasta la mañana. Quería decirles que no vi el pasado, que detrás del presente no había nada, solo gente que tomaba cafés y contaba relatos, algunos relatos. Dicen que la historia se cuenta por hitos. No por todo lo que sucedió, y que esos hitos nos definen. O definieron. A cada uno de nosotros…y también a los grupos (un grupo  o agrupación de algo, es  cuando decimos nosotros).
 Hay que decir que un recuerdo está cargado de un extraordinario poder de evocación. El pasado no se contenta en todos nuestros recuerdos. Hay algunos, desde luego pocos, que en cierto modo están dotados de poderosos resortes de acero, y cada vez que hoy los tocamos se sueltan inmediatamente y nos catapultan hacia el futuro. Yo en el futuro recordaré para siempre esta noche. Que en ese momento hubiera podido morirme de vergüenza,  por una bomba o una catástrofe, por un crimen político o pasional. Morirme de drogona, de  apasionada, de creyente, de profanadora. Por boluda como Tomas. Pero también de feliz. Y nadie hubiera dicho: Se murió de feliz, hubieran dicho que los hitos que nos marcan son momentos dificiles.