domingo, 24 de marzo de 2013

Nano

SALA ALBERDI: El fin de una batalla.

Los artistas estamos de luto.

Un puñado de personas con sonrisas contagiosas y narices rojas contra hombres uniformados con armas de fuego y muy bien adiestrados. 
¿En que cabeza cabe una batalla tan desigual? ¿Cuanto pueden resistir ese puñado de soñadores con trajes de colores, inexpertos en el uso de la violencia, la manipulación y el engaño?
Ellos no aprendieron a usar la violencia, ellos aprendieron con el arte de amar, a entregarse enteramente al fluir de la vida para perseguir sueños y construir ideas. A su paso fueron pintando un mundo de esperanza para aquellos a los que la realidad se les hace un gran rival. Nada entendían de la corrupción que se esconde en la supuesta “legalidad”
Poco a poco debieron aprender a usar las herramientas del enemigo, caminaron terrenos inexplorados para defender su espacio, tu espacio, nuestro espacio.
El peso de la batalla provocaba noches de insomnio, el hambre el frió y el calor fueron borrando los recuerdos del placer, de aquellos días en familia, de aquellas tardes de grandes espectáculos donde ofrecían sonrisas a cambio de nada. Fueron olvidando las comodidades de dormir en un colchón cómodo, de las estufas en invierno y los ventiladores en verano. Ahora era a ellos a los que la realidad se les transformaba en un rival.
Como bestias salvajes se les lanzaron encima con total impunidad. Eran bestias de uniformes cuyos trajes los hacían pasar desapercibidos en la sociedad.
"Delincuentes" llamaron a los artistas, "ocupas" en su propio hogar. No habían enemigos pero los veían como tal.
Los obligaron a convertirse en luchadores y tuvieron que demostrar que luz y oscuridad están obligados a tenerse que entender.
¿Que resistencia podía dar un grupo de soñadores contra tanta injusticia?
Sin embargo se levantaron y no olvidaron ni un segundo que su esencia era la risa, el color y las buenas acciones y que las mismas deberían ser utilizadas para combatir.
Nunca mas voy a olvidar aquellos cuerpos cansados, heridos, oprimidos que lucharon hasta el ultimo segundo sin dar marcha atrás.
Aun se estremece mi piel al ver a aquellas personas con tanta convicción frente a la adversidad.
Crearon lazos por encima de lo que el dinero puede hacer en un hombre armado y paso a paso fueron mostrando la verdadera cara del opresor. Ellos recibieron las balas, ellos recibieron las criticas, y en ellos quedará el recuerdo imborrable de los heridos en tan asquerosas represiones.
Hubieron fallas y a montones, peleas y discusiones, eternas asambleas que se desarmaban y se volvían a levantar con el peso de los persistentes.
Era de esperar, recibir ordenes es tan fácil como apretar el gatillo y dejar que la bala salga sola. Pero organizarse y hacer mas grande la lucha trae sus complicaciones.
Aun así nunca pudieron romper con la unión que los hacia volver al combate.

Mi cabeza pasa como un film todo lo vivido, todo lo aprendido y las huellas que harán que mañana nos volvamos a levantar.
Que quede en claro que es el fin de una batalla absurda, no existe una sola forma de defender lo que es nuestro, a veces la confrontación directa no sirve para nada. Es lo que me llevo de esta batalla.
Los compañeros no se han rendido, solo han decidido no exponerse entre ellos ante las balas y la represión. Su arma es el arte, y con arte volverán a luchar, pero la próxima vez seremos mas y orgulloso seré parte de ese grupo de soñadores con trajes de colores y sonrisas contagiosas que animan al mundo a seguir luchando, para no ser parte de ese grupo opresor, que solo ha aprendido lo que es el color rojo de la sangre y el color negro de la ambición, la mentira y la complicidad.

Vivan los espacios públicos.
Viva el arte popular.
Vivan las asambleas abiertas.
Que viva la libertad

                                                                                                                               Daniel

martes, 19 de marzo de 2013

Maria

María graba en un parque lo que le pasa todos los día, le encanta tener todo recolectado. Le gusta creer que su cabeza es como una computadora donde se esta buscando un archivo y cuando lo encuentra CLICK. María camina por su barrio, se prende un pucho y escucha Oasis (sí, Oasis); cuando llega a la parada del colectivo cambia la música por que nunca le gusto mucho que le digan que era una “hipster más”. En realidad María esta esperando a alguien, todavía no sabe bien a quien, esa parada del 24 solo es una excusa para ver quienes llegan (le gusta ver como la gente se baja del bondi). Sí sabe que busca algo que se fue, sino… ¿por qué lo buscaría. María busca por que le enseñaron que las cosas llegan cuando no se las espera más.
María es un poquito de todos y casi, casi que no es nadie; ella recuerda todo, los desaparecidos, los viajes, las cataratas y las chimeneas. A veces solo quiere que se haga de noche para ver las estrellas, tal vez espera un lucero.
Todavía no encontró a nadie, pero va a seguir buscando: Una vez una amiga le dijo “la única lucha que es pierde, es la que se abandona”, y  algunos lo que más quieren es una lucha.