jueves, 27 de febrero de 2014

La extravagancia, Spregelburd.

Este texto me gusta mucho, es de La extravagancia, de Spregelburd. Es la segunda parte de la Heptalogía de Hieronymus Bosch, un grupo de siete obras inspiradas en la Tabla de los Pecados Capitales. Teniendo en cuenta esto, ¿desde qué lugar podemos juzgar que una situación es extravagante?

-  “Sos vos, Socorro, sos vos.” Mi historia es sencilla. Somos tres hermanas, pero hace tiempo que dejamos de ser una familia. Espero que no les moleste, que los trate así. Digo, como público. Es provisorio. Si quieren les cuento…
Somos tres. Pero, una sabemos, es adoptada. Nacimos trillizas pero una de nosotras murió en el parto. Mamá estaba desconsolada, y no podía disfrutar de ninguna de nosotras sabiendo que siempre le faltaría una, no importaba cuál. Así que inició los trámites de adopción todavía desde la clínica. Había sido un parto muy difícil. Todo esto contado por papá, que también tuvo lo suyo. Mejor no tocar el tema. Así es que a los pocos días, éramos de nuevo tres bebas, en casa. Mamá y su marido tomaron la decisión y fueron inflexibles, adamantinos: nunca dijeron quién era la adoptada. Y nos quisieron a las tres por igual. Con un amor que apenas podría haber alcanzado para una sola.
Nos llamaron María Socorro, María Brujas y maría Axila. Yo soy Socorro, pero no tengo pruebas para decir que sea la primera. O la legítima. María Axila ha estudiado un poco de todo, y siempre fue muy buena en lo que se propuso. Así que teniendo en cuenta la vulgaridad de papá y mamá nosotras dos siempre sospechamos de ella. Ahora mismo tiene un programa de televisión. Enseña fonética, filología comparada, esas cosas.
Si serás hija de puta. No hay necesidad de que hables, y si no fuera por las estúpidas circunstancias… de las que me acabo de enterar… no te llamaría nunca más en mi vida. Sigo pensando que sos una perfecta idiota. Ni siquiera recuerdo tu número, y recién, para llamarte tuve que dar vuelta toda la casa para encontrar una agenda del 92 donde tenía anotado tu teléfono. Pensé que lo había tirado A mí no me importa. Escuchá bien, porque es lo único que te voy a decir: parece que mamá agoniza, de una extraña enfermedad incurable. Que se transmite de madres a hijas. Legítimas, claro está. Hay que empezar a hacer quimioterapia, en caso que… digo, dos de nosotras. Así que sólo se va a salvar una, dijeron los médicos. Mamá y papá dicen que no se acuerdan quién era.  Dice que después de tantos años. Ya lo sé. Cuenta una historia inverosímil de cómo quemaron las partidas de nacimiento. En la sopera de loza de la abuela, ésa que seguían guardando con las manijas rotas, que, ahora me vengo a enterar, se desprendieron en el fulgor de las llamas.  No, la clínica ya no existe, se quemó en el setenta. No seas estúpida, claro que no fueron papá y mamá.  Que quieren vernos. Que quizás si nos ven mamá se acuerde. Y que es cuestión de vida o muerte. Cuanto antes. Así que si querés ir me llamás y te doy la dirección.  Me llamás y te la doy.  Es así.  Vas a tener que llamarme. Ah, no, yo no pienso ir a esa maldita clínica. Te lo estoy diciendo sólo porque Armando me pidió, y te aclaro que le dije que no iba a hacerlo. ¡Como quieras!
Entonces escucha bien: le vas a decir a ese hijo de una gran puta que se meta sus advertencias endocrinológicas en el culo, de la misma manera que le sugerí que hiciera cuando se apareció esa tarde después del colegio, me llevó aparte, donde nadie podía verlo y me dijo al oído: “Sos vos Socorro, sos vos”. Yo me acuerdo perfectamente. Ustedes comían helado, me acuerdo, yo las veía a la distancia, vestidas de lo mismo, el sol me nublaba los ojos, y eran dos puntos idénticos que chupaban helado, y a mi se me derretía el sambayón sobre el jumper. Y que por mí, se pueden morir, mamá, él y todas ustedes. ¿Me oíste…? ¿Hola?

Y la otra también. Idiota. Solo espero que se muera antes que nosotras dos, y que tenga un velorio sofisticado, y que el entierro sea un desfile de capelinas, y que sea lejos, y que llueva y que haya barro y que nadie llore por vos.
Sí, todo esto último son imágenes, imágenes generadoras de posibilidades. Soy escritora, bastante buena, ahora soy best seller. Entonces utilizo la irritación que siempre me provoca mi hermana, no se si es mi hermana…esa inútil. No puede dejar de molestarme, de la misma manera que no puede dejar el cigarrillo. Yo soy fóbica al cigarrillo. Cuando María prende uno hace exactamente veintisiete movimientos inútiles de lucimiento personal. Llamo lucimiento personal a que por ejemplo: entrecierra los ojos, casi como si sedujera a un chancho al borde del tejado para que no se arroje. Se acaricia a penas el mentón con el canto del pulgar de la mano que sostiene el cigarrillo, como si pensara algo, algo que evidentemente no ocurre nunca. La mano que sostiene el encendedor juguetea apenas con él como si arremangara a un miembro masculino firme y erecto, dispuesta a regar de placer. Frunce el ceño, acompañando la llama, como si se reprodujera un temor primitivo, como si fuera una estúpida hembra en la caverna viendo caer el rayo que acaba con el bosque de sequoias.
Odio ver fumar.
Y ni siquiera tengo la dirección de la clínica. Tampoco sé si es mi madre. Por no hablar de él. Voy a prepararme algo de cenar.

domingo, 16 de febrero de 2014

inrefle

brisa cálida que danza
ácido puro que piensa
pulso limpio que crece
soledad brusca que ama 
balance vació que no respira
dirigente bello de la paz 
pies firmes sobre cálido cielo 

aka #PF

Sabes tu para que son los camiones, por que hay estrellas y constelaciones, por que vuelan los aviones y por que tengo que escribir canciones, eso no lo se solo se que puede ser interesante, algo muy interesante. Las estrellas sirven para verlas brillar, los camiones, los aviones para verlos pasar y las canciones son para decir que todo es interesante. Sabes tu por que funcionan los bancos y por que se trabaja todo el año, lo que comen los marcianos. Tienes tu la idea de lo que hay dentro de un piano, eso lo sabre y podre hacerme la interesante. Con trabajo y banco el tiempo puedes matar, de marcianos y de pianos tienes que conversar con el tiempo puedes ser un señor interesante, alguien muy interesante.
Pero si un día me aburro y pierdo todo interés, si no me hago mas preguntas abandonando el saber, también sera interesante. Un asunto interesante. Por que soy interesante. La señora interesante.

miércoles, 15 de enero de 2014

Galileo, la responsabilidad social de los cientificos



Bertolt Bretcj
La miseria de la gente es vieja como las montañas; y, desde el púlpito y la cátedra se predica también que es indestructible como las montañas. Por eso, nuestro nuevo arte de la duda cultivó a las multitudes. Nos arrancaron el telescopio de las manos y con él enfocaron a sus opresores. Y, de pronto, esos hombres egoístas y brutales que se aprovechaban ávidamente de los frutos del trabajo científico, sintieron que la fría mirada de la ciencia, detectaba y denunciaba una miseria milenaria pero artificial, que podía ser fácilmente eliminada si se los eliminaba a ellos mismos.
Nos cubrieron, entonces, de amenazas y sobornos, que resultaron irresistibles para las almas débiles. Pero, acaso, ¿podemos negarnos al pueblo y, al mismo tiempo, seguir siendo hombres de ciencia?
Los movimientos de los cuerpos celestes son, ahora, más fáciles de calcular; pero los pueblos todavía no pueden calcular los movimientos de sus señores. La lucha por medir el cielo ha sido grande, pero las madres del mundo siguen siendo derrotadas día a día en la lucha por conseguir el pan de sus hijos. Y la ciencia debe ocuparse de esas dos luchas por igual.
Una Humanidad que se debate en las tinieblas de la superstición y la mentira, y es demasiado ignorante para desarrollar sus propias fuerzas, no será capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza que ustedes, los científicos, descubren y le revelan. ¿Con qué objetivo trabajan ustedes? Mi opinión es que el único fin de la ciencia consiste en aliviar la miseria de la existencia humana.
Si los científicos se dejan atemorizar por los tiranos y se limitan a acumular el conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se convertirá en un inválido y las nuevas máquinas sólo servirán para producir nuevas calamidades. Tal vez, con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir todo lo que hay para descubrir; pero, ese progreso, sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y ustedes, los científicos, puede llegar a ser tan profundo que, cuando griten de felicidad ante un nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido de espanto universal.

viernes, 3 de enero de 2014

escrupulo


Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.
                                                                               Oliverio Girondo


domingo, 1 de diciembre de 2013

Luz subliminal

Yo fui Luz. No tengo una historia que contar, salvo que me apagué igual a como se apagan los mosquitos en cuclillas sobre el agua. Era muy feliz, incluso mientras caía del noveno piso. Recuerdo esa caída como un momento de éxtasis y realización personal. Nunca aprendí a nadar. Pero soñaba, de alguna manera, que aprendería. Había una piscina cerca de mi casa donde una vez tuvieron que dejar una ballena, antes de llevarla al zoológico. Me lo contaron, yo nunca lo vi. No sé si creerlo. 
Mentira: lo creo perfectamente, porque tengo fe.
…yo fui luciérnaga. No tengo una historia que contar, salvo que me apagué igual a como se apagan las colillas sobre el agua. Era muy feliz, incluso mientras caía del noveno piso. Recuerdo esa caída como un momento de pánico y exaltación de la amistad. Nunca aprendí a nadar. Pero soñaba, de alguna manera, que aprendería. Había una pileta cerca de mi casa donde una vez tuvieron que dejar una ballena, antes de llevarla a la Antártida. Me lo contaron, yo nunca lo vi. No sé si creerlo.
 Mentira: lo creo perfectamente, porque tengo fe.
 Gracias, mundo, por haber colocado un día una ballena en mi pileta, aunque yo no lo haya visto. Gracias, ballena, por haber escuchado mis rezos, aunque yo no los haya rezado. Gracias, rezos, por creer en mí.  

Ahora ellos cantan.